Nalbandian tiene otra meta: recuperar su ranking de antes
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Acostumbrado a los pasatiempos de alta intensidad, la pesca --más tranquila, por supuesto-- le viene siendo esquiva a David Nalbandian.
En 2005 se estaba yendo al Sur con la caña pero recibió un llamado para jugar el Masters debido a la baja de Andy Roddick. El cordobés entonces cambió de planes; fue a Shanghai y salió campeón. Hace dos semanas, otra vez, había preparado junto a sus amigos un viaje a Ushuaia con la carnada bien guardada, pero los ríos estaban crecidos y decidieron no ir. Así que se puso a entrenar y como notó su mejoría decidió viajar hacia Estocolmo a jugar la Davis. Y no le fue mal. Embalado por los triunfos y con la meta de recuperar su verdadero lugar en el ránking, el unquillense se trasladó desde Suecia a Indian Wells, donde llegó ayer por la tarde para jugar el Masters 1000.
Nalbandian llegó a Los Angeles a las 17.20 y desde allí se fue manejando a California junto a su kinesiólogo Diego Rodríguez, quien lo viene acompañando desde Buenos Aires. O desde más kilómetros, porque el fisioterapista, cuando se enteró que David viajaría a la Davis, tuvo que irse hasta su Entre Ríos a buscar ropa de invierno. Nalbandian tuvo un poco más de suerte para ese trámite: su mamá Alda le hizo el bolso y se tomó un avión desde Unquillo. Claro que nada fue fácil: el vuelo llegó el miércoles dos horas demorado y ese bolso que llegó a Ezeiza nunca arribó a destino en Europa. Y David tuvo que utilizar prendas prestadas.
El parte médico del 139° del mundo (avanzó ayer quince lugares en el ránking mundial) dice que su isquiotibial evoluciona bien y que el aductor derecho (ése que le había provocado su abandono en el ATP de Buenos Aires) sigue dolorido, aunque en principio no le impediría jugar el torneo. De todos modos habrá que ver cómo se levanta hoy; en caso de sentir alguna molestia le harán una nueva ecografía. Aunque su entorno cree que tras un buen descanso las molestias irán desapareciendo.
Después de Indian Wells, el Gringo jugará el Masters 1000 de Miami para regresar una semana a su casa. Su primer paso será, luego, Montecarlo, sobre arcilla. Y más adelante, en julio, Wimbledon y la Copa Davis. Justamente, ante Rusia tiene buenos números y también muchos recuerdos.
Allí debutó en esa competencia en 2002: fue con un triunfo junto a Lucas Arnold en dobles, en el que fue el partido más largo, en tiempo, de toda la historia. Y en esa ciudad jugó su primera final en la cual ganó sus dos singles ante Nikolay Davydenko y Marat Safin, aunque cayó en dobles con su coterráneo Agustín Calleri.
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